O más bien, NO A LA TORTURA.
Podría resumir todas estas polémicas ahora mismo con esta pregunta:
¿Os divertiríais si un viernes por la noche fuéramos todos al circo romano a ver morir a unos cuantos congéneres correr tras los leones?
No, ¿verdad?
¿Por qué? ¿Acaso os atormentaría la moral?
Fue una tradición durante muchos años y se perdió porque, como la mayoría de tradiciones que atentan contra la libertad, terminan -gracias a Dios- por desaparecer. Esto es igual y ya ha durado bastante. He escuchado esta mañana a un torero decir: “Me parecen mal las prohibiciones, son sinónimo de poca libertad” Y yo le preguntaría a ese señor: “¿Y la libertad del toro, dónde la dejamos?”.
Definitivamente el toreo como arte no puede seguir ASÍ. ¿Que no quieren perderlo? Pues que no maten al toro, que no le torturen, que no le claven nada ni vean cómo se desangra. Que “bailen” con él, como decía un poeta asiduo a las corridas. Pero así no, ya nos hemos cansado de ver cómo la gente vitorea a señores que cortan orejas y clavan espadas mientras un animal se convulsa desde el suelo.
Y no os equivoquéis. A mí los políticos de Cataluña, de mi tierra, no me engañan. No les interesa en absoluto todo esto, no como partidos políticos, quizá sí como personas individuales. Así que no les voy a dar las gracias a ellos. Se las voy a dar a todos aquellos que hoy se han alegrado por la prohibición, sean del país que sean -porque no tenéis ni idea de cuánta gente hay en contra de la tortura- porque queramos o no es un paso adelante.
La muerte de un animal a sangre fría no puede representar a un país.
Quizá la Humanidad pueda seguir avanzando después de todo.
Expedición Starkweather-Moore
Hace 6 días
