24 de junio de 2010

Y así seguimos

La verdad es que nunca entendí ese mal du siècle que vivían los intelectuales de finales del XIX o el hastío de guerra del XX. Esa frustración me parecía excesiva e innecesaria... ¿si vives una vida más o menos feliz con los tuyos qué importa aquello que te rodea? ¿Es más importante la sociedad en la que vives que tu propio bienestar individual? ¿Es tan intensa esa sensación de vacío como para llevarte al suicidio?
Pero claro, yo no entendía el mal de España porque nuestro país no se iba literalmente a la mierda. Pero ahora sí. Y es verdad que la impotencia es brutal; no solo por nuestra dificultad por salir de la crisis, sino porque España nunca dejará de ser un país despreocupado por su futuro.

Le dije a una amiga que me parecía incomprensible que aquí el mundial se estuviera llevando a límites de fanatismo olvidando el estado del país y me contestó: "¿Y qué hacemos? ¿Nos quedamos llorando en el sofá? No podemos hacer nada. Pues para eso prefiero disfrutar viendo el mundial". Vale, a mí el fútbol no me gusta, nunca me ha gustado, pero siempre me he mantenido respetuosa. Hasta ahora. Porque ese es el problema de España. Vamos a sentarnos a ver la tele, como solo somos el pueblo poco más podemos hacer. Da igual que haya una reforma labolar injusta, 4 millones de parados, 16.000 nuevos ricos, 12% más de pobreza, sueldos de 170.000 al año y subvenciones para que a nuestros pseudo-héroes épicos del fúbol se lleven 600.000 euros cada uno si ganan ese maravilloso e importantísimo mundial. Da igual. No importa que esté todo patas arriba. Como somos solo el pueblo, ¿verdad? Porque ahora va a ser que un país no lo lleva adelante el pueblo, lo lleva -como no me he cansado de repetir durante las últimas semanas-, esa élite económica que se cubre las espaldas y que ve la crisis desde sus mansiones. Élite en la que incluyo a los políticos, por supuesto. Porque seamos sinceros, ni Zapatero ni Rajoy están sufriendo. No les va a faltar de nada. Nunca. Y no van a luchar por nuestro bienestar.

Mi abuelo me dijo el otro día que él no sabía de política, que era un ignorante, pero que había vivido mucho y había sufrido muchos desengaños por parte de los políticos desde la transición hasta hoy. Me dijo que la única manera de salir adelante era una utopía. Todos los partidos políticos unidos luchando hacia un mismo fin. Juntos. Pero claro, esos políticos siempre van a seguir peleando algunas horas al mes desde sus escaños.

Yo solo os digo una cosa. Y espero estar equivocada.
Todo esto nos va a estallar en la cara.

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