25 de abril de 2010

Wonderland

Merodeando por blogs amigos me encontré con esta frase:
"Si intentara especializar el blog, al final mi tasa de producción sería mínima"
Mea culpa.

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La semana pasada fuimos a ver a la tan esperada Alicia de Tim Burton, no voy a hacer una crítica de cine porque no se me dan bien, a mí siempre me gustan las adaptaciones más o menos correctas e incluso los remakes de viejas glorias del cine. Cuando me enamoro de un personaje -suele pasar a menudo- me ocurre como con los amigos: da igual el dónde o el cuándo, el caso es quedar para verles la cara de nuevo y recordar viejos tiempos.

Lewis Carrol me ha acompañado desde que era pequeña, al igual que Stevenson, Dahl o Ende, entre otros. Siempre me han encantado las historias raras, rocambolescas, especiales, extrañas. Ver a Dorothy cruzar el Arco Iris para llegar a Oz o a Sarah entrar en el laberinto de Jareth, da lo mismo, el caso es salirse de lo convencional. Por eso me gustan tanto Márquez, Dalí o Cortázar. Surrealismo, realismo mágico. Una vigilia entra la realidad y la fantasía, siempre con uno de los pies tocando el suelo y el otro quizá en la Luna, quién sabe. Siempre con el regusto amargo de saber que tarde o temprano la magia termina.

En fin, yo siempre seré de esas personas que sueñan de vez en cuando que encima de la mesita hay un frasco que pone Drink me y una llave de oro que abre puertas minúsculas...

Mi vida no sería la misma sin ese tipo de historias.

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